Actividades y árboles: la vida

Vicente Todoli, ex director de la Tate Modern

LA EMPRESA NECESITA ACTIVIDADES COMO LA PERSONA ÁRBOLES. Vicente Todoli ha sido director de varios museos: el IVAM, el Serralves de Oporto y laTate Modern (2003-2009). En la siguiente entrevista, habla de desarrollo personal y profesional. A nivel personal, nos comenta su deseo de cambiar la corbata por un palmo de tierra donde aprender de los árboles, y en el sentido profesional, de cómo un negocio es, ante todo, las actividades que se realizan en él (frase destacada en rojo).

Vía: La Contra de la Vanguardia, Lluís Amiguet, 5/11/2010

Un día un tipo vino a remar con su canoa al vestíbulo del museo… 


¿Inundaciones?

Digamos que quiso pasearse en canoa por la Tate Modern.

Si no molestaba…

Eso mismo pensamos todos: los de seguridad, conserjes y el director, yo mismo, que fui avisado y acudí a contemplar al remero. Pensé que, además de no molestar, relajaba el ambiente y le daba una nota de color.

¿Algún otro marciano?

Días después apareció una familia con sus mesas plegables, su nevera y sus sillas, además de su cesta con comida… 


Espero que los del bar no se enfadaran.

Y se montaron un picnic en el vestíbulo de la Tate…

Por lo menos no frieron butifarras.

Les dejamos disfrutar de la comida…

¿Qué es un museo?

Una actividad. Un museo no es el edificio, ni siquiera su colección, aunque sus obras sean el ADN de muchos museos, sino una actividad para los ciudadanos, que puede realizarse en cualquier sitio.

¿Puede haber un museo sin cuadros?

Desde luego, pero por ahí llegaríamos a una discusión inacabable sobre qué es arte. En todo caso, lo que está superado es el museo decimonónico, donde se depositaba el legado artístico de una ciudad o una nación para que lo catalogara, custodiara y exhibiera.

Pues a Barcelona no le iría mal uno de esos de los gordos.

Al contrario, yo creo que Barcelona tiene una red de museos muy sugestiva: la Miró, la Tàpies, el Picasso, el MNAC, el Macba… Ya les gustaría a muchas ciudades.

Soy ministro de Cultura y le pido que monte el supermuseo de mi país.

 Pues le diría que no caiga en hacer un monocultivo, porque no son interesantes. Y si su ciudad o país aún no tiene un supermuseo nacional, pues que ni siquiera lo intente.

Habría que empezar por algún sitio.

Para hacer algo que ya está hecho, no haga nada. La cultura no es repetir fórmulas, sino desafiarlas y crearlas. Debe potenciar lo que ya tiene y dotarlo de autonomía y de medios para así tal vez lograr en unos años tener algo especial. 


¿Con personalidad antes que tamaño?

Con una personalidad que refleje fielmente el sitio donde está, pero que tenga una ambición universal, sin límites
.

¿Cómo conocer el espíritu de un país?

Cuando voy a una ciudad, siempre visito dos sitios que te enseñan cómo es: los museos y el mercado. Allí captas su esencia, estructura y temperatura.

¿Los dos son negocios?

Ahora voy a ser categórico: ningún museo en el planeta –ninguno– gana dinero. Por muchas tiendas y restaurantes que le pongas, todos pierden. Y no ganan dinero porque tampoco es su objetivo.

No ganan dinero; sí generan riqueza.

Déjeme añadir que cuando a un museo le ponen un CEO (chief executive officer)… 


Un supergestor financiero. …

yo salgo corriendo, porque eso significa que han cambiado los valores y que va a ir a por los números. Y ya no me interesa.

Precisamente la nueva economía crea mucho valor antes de monetarizarlo.

Yo sólo quiero hacer cien por cien arte y cero por cien management. Así que, cuando no se trata de arte, ya no me interesa.

¿Por eso se ha ido de la Tate?

Me voy porque yo me propuse estar seis años, que es lo máximo que se puede estar al frente de un museo aportando algo.

¿Por qué ponerse límites?

Es parte de mi planificación vital. Un museo es el punto de encuentro entre las abscisas de la historia y las coordenadas de la vida, y ahí debe estar el director, erigiendo su proyecto en ese cruce. Y preguntándole al museo: “¿Tú qué quieres ser?”. Cada cierto tiempo debe ser otro quien pregunte.

Allá usted si no encuentra otro cargo.

No lo busco. Vivo la vida como una road movie: no me interesa el poder, sino la libertad; y a más poder, menos libertad.

También mola que te den coba y pasta.

¡Buf! Tenemos ideas diferentes sobre la vida. Yo he estado entrenándome para dejar de ser director. Mi novia me preguntaba si estaba preparado, y ahora que ya lo he dejado le aseguro que lo estaba. Perfectamente.

Algo habrá ahorrado.

Me lo he gastado todo en comprar tierra cerca de mi pueblo; por la Safor y la Gallinera. He plantado naranjos, olivos y cerezos.

¿Buena inversión?

Patética. De hecho, me cuestan dinero.


Pues vaya chollo.

Pues si tuviera más dinero, compraría más tierra, porque me da mucho. Me da otro sentido del tiempo. No tengo hijos, así que veo crecer mis árboles. Me alivia, porque el ritmo del mundo es vertiginoso, caótico…

¡Qué nos va a contar! …

Así que miro los árboles crecer y los sigo: cada árbol tiene su tempo interno. Puedes ayudarlos a crecer, pero nunca acelerarlo.


Hasta que acaben inventando algo…

Esa sensación de que el tiempo del árbol es más poderoso que tú te pone en tu sitio. Esa es mi inversión: vivir entre varios tiempos y no sólo en uno.

A nadie le gustan las prisas.

Pero se someten a ellas. Yo no tengo coche, nunca uso la autopista: voy en mi moto y siempre por carreteras secundarias. La mayor riqueza es la libertad

 

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